En tren:  354 km – 4 h 55 min (azul oscuro)
A pié:  6,2 km – 1 h 19 min (azul claro)  

Ribe es la ciudad más antigua de Dinamarca, o eso dicen. Llegar en tren es una pequeña odisea. Mi app de Rail Planner, la que uso habitualmente, me da una opción de 4 h, con 2 cambios de 1h de espera. En cambio, la web de virail y la de los ferrocarriles daneses me da otra de 2h 35′. Compruebo el día anterior en la estación que ésta existe y la cogemos por 5′. A la carrera.

Llueve, y él tren recorre los habituales campos de cultivo, maiz, mucho maiz y granjas. No hay montañas. La más alta es de 170 mts.

Aún así es paisaje es relajante. Ves la lluvia e intuyes el viento y frío mientras que tu estás tan ricamente el vagón circulando.

Bajamos en Bramming, también por los pelos, nos despistamos y otra vez a la carrera.

Tenemos 5 minutos para cambiar de tren. Como Ribe no es final, preguntamos a una señora pero nos da información equivocada. En esto, tenemos un tren al lado a punto de salir. Por intuición miro un panel del andén, y en letras pequeñas, pone Ribe (Aquí pone las paradas en los paneles). Así que no nos lo pensamos y nos subimos y acertamos.

El tren a Ribe, una especie de regional. Es como el de Skagen, con ventanas enormes. Es como un tren panorámico.

La estación de Ribe es muy pequeña, solo dos vías y sigue lloviendo, así que es buena idea comenzar por él museo vikingo que está justo enfrente de la estación. Me gusta mas que el de Moesgaard a pesar de ser bastante más pequeño. Hay un pequeño vídeo de 30′ pero no lo veo entero porque me estoy durmiendo por momentos (he dormido apenas 5h por la luz que entra por las ventanas).

Nuestro intento no funciona. Salimos del museo chispeando y antes de entrar en él pueblo nos cae un aguacero tremendo. Cómo los típicos de aquí, de 3-5 minutos.

La ciudad me recuerda mucho al barrio antiguo de Odense. Calles empedradas y casa de dos pisos de colores diferentes.

Como sigue lloviendo probamos la pastelería local. La comida danesa, si existe, está muy bien escondida y en peligro de extinción.El café para llorar, pero los pasteles impresionantes, al menos los de la pastelería de Ribe.

La catedral es un poco rara, por lo que leo parece que cayó una de las torres y la reemplazaron con otra completamente diferente. A eso se le llama ser creativo.

En cuanto al interior, las pinturas del altar mayor parecen, con todo el respeto, un concurso de pintura de 4º de EGB. El pintor estaría atravesando una etapa Naif, pero es para verlo. Nos recordó a los dos que íbamos, y simultáneamente, la restauración del “Ecce homo”.

En estas iglesias, si hay acceso a la torre, parece que si no subes es poco menos que un sacrilegio. Le pregunto al de la taquilla, porque encima pagas, cuantas escaleras hay, e impertérrito me dice que 245 o eso le entendí, porque se está comiendo un bol de patatas fritas.

 

La subida es asumible, con varias paradas. Hay dos campanas. Una da las horas y otra los cuartos mientras él carillón toca una melodía por la mañana y otra más alegre por la tarde titulada “la princesa Dragmar está enferma“.

Las vistas de la torre valen la pena. Te das cuenta de lo llana que es Dinamarca. Ves los meandros del río hasta el mar, allá a lo lejos, toda la ciudad, pequeñita, y las tormentas que se te vienen encima.

A pesar del viento y la llovizna, vemos que la gente no se va y deducimos que están retirando que toquen las campanas. Así que aguantamos valientemente encima de la torre con ellos.

Por fin suena y la verdad es que nos quedamos bastante fríos. Casi no la oímos. Igual se oye mejor abajo.
En el tourist information nos dan una guía en español. “Paseos por Ribe” y decidimos hacerlo. También hay excursiones al parque Nacional cercano, costa e islas, a ver focas y pájaros.

La guía da un poco de sentido y organización a nuestro paseo. El sol sale a ratos y entonces la ciudad se trasforma. Fotográficamente es maravillosa.

Vamos siguiendo el recorrido. La mayor cantidad de puntos se concentran en la catedral. Nos damos cuenta que los puntos son estatuas de personajes importantes de la ciudad. Un grupo musical ha instalado un autocar escenario junto a la misma catedral y empiezan a martirizarnos con una música espantosa pero parece que aquí gusta porque esta llenos de familias con bebés. La cara de los más peques en sus carritos es un poema.

El recorrido lleva una hora u hora y media. Me impresiona la columna de las mareas que marca hasta donde ha llegado él agua en las mareas de tormentas. La más alta es una del año 1600. Mirando a la ciudad y viendo lo plano de la zona intuyes que el mar lo cubrió prácticamente todo.

Hay un museo que es un poblado vikingo con figurantes a unos tres kilómetros de la ciudad. Nos dicen que no hay bus para llegar. Incompresible. Habríamos alquilado bicis, pero el sol y las tormentas van y vienen y así que lo descartamos.

La vuelta sin problemas con un enorme arco iris que se ve por las ventanillas de los dos lados del tren. El sueño de un fotógrafo. El arco iris, las vías del tren y un tren atravesándolo, pero imposible de fotografiar desde el tren, y menos ahora que las ventanas son herméticas y no se pueden bajar
Reventado, vuelta al apartamento a mi dieta de embutidos para cenar y la charla de costumbre sobre las aventuras del día. Estoy realmente cansado.

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